Seamos sinceras: ¿quién no ha visto esos programas de cocina o reels de Instagram donde todas las recetas y platillos parecen sacados de revista? Todo está perfectamente medido en tacitas transparentes, la mesa está impecable, la receta sale en 30 segundos y, al final, el platillo luce como de restaurante cinco estrellas. ¡Todo un sueño!
Pero, la verdad, es que nuestra realidad en la cocina es muuuy diferente. En casa no siempre hay ingredientes “gourmet”, a veces la receta se va sacando ingrediente por ingrediente y se mide “a ojo”. Siendo honestas, en casa la perfección ni se asoma ¡y está perfecto! Al final de cuentas lo que importa es disfrutar del proceso, entre risas, improvisación y uno que otro desastre, la gracia es hacer lo que nos gusta sin tanto drama. Porque, aunque la cocina de la tele sea perfecta, la nuestra está llena de sabor, historias y momentos que no cambian por nada.
La receta viene con ingredientes exóticos que ni sabías que existían.
Todo está cortado en cubitos idénticos y acomodado en bowls hermosos.
Las personas parecen perfectas, todos están perfectamente arreglafos, nadie suda, no se estresan ni se mancha ¡hermosos!
Y, por supuesto, el resultado es un plato digno de concurso, con presentación de chef.
Suena lindo, ¿no? 😅
A veces no tenemos todos los ingredientes y toca improvisar con lo que hay y ver como podemos reemplazarlos con lo que tenemos
Las medidas son “un puñito de esto, un chorrito de aquello, un yo creo que así está bien” y nadie sabe como, pero siempre funciona.
El delantal limpio dura exactamente 5 minutos.
El resultado puede que no se vea perfecto ni como se imaginó, pero si sabe bien lo compensa todo.
Y lo mejor de todo esa imperfección es lo que hace que la cocina en casa sea única. Porque no se trata de tener todo medido, sino de divertirse y disfrutar de lo que se prepara y, sobre todo, con quién lo compartimos.
La cocina perfecta de las redes nos inspira, es nuestra principal motivación para hacer las recetas. Pero la verdadera magia está en la cocina que vivimos a diario esa donde todo se pone un poquito caótico, donde los niños meten mano en la masa, donde la abuela dice “así no era, pero igual sirve”, donde dice que le falta sal a la comida justo cuando ya se sirvió.
Esos momentos son los que se convierten en recuerdos, anécdotas y carcajadas que se cuentan por años.
Al final del día, la cocina no es un examen de perfección, es un espacio para compartir, reírse de los pequeños errores y sentirse orgullosa de lo que se hace. Con masa en las manos, recetas improvisadas y mucho cariño, cualquier plato se convierte en especial.
Así que la próxima vez que intentés una receta y no quede como en el reel, recordá ¡tu cocina no necesita filtros para ser increíble!