Cuando hablamos de “bienestar”, mucha gente piensa en dietas complicadas, reglas estrictas o en tener que comer como si estuvieras en un examen de nutrición. ¡Qué estrés! Pero la verdad es que el bienestar se trata de disfrutar, de encontrar momentos ricos y sencillos que te hagan sentir bien con vos misma y con los demás. Y adiviná ¡la cocina puede ser tu mejor aliada en ese viaje!
Hoy te traigo un par de ideas para que el disfrute y el bienestar se sientan en tu cocina, sin dramas, sin reglas imposibles y siempre con un toquecito de sabor casero.
¿Has escuchado el dicho “mente sana cuerpo sano? Bueno, empecemos por ahí.
Amasar, picar, revolver… todo eso no es solo trabajo de cocina, también es una forma de soltar el estrés. Dale play a tu playlist favorita, bailá mientras mezclás los ingredientes y convertí la receta en un ratito solo tuyo. Al final, ¡terminás con comida rica y una sonrisa extra!
¿Hay algo más rico que comer acompañado? Invitar a alguien a probar lo que hiciste, aunque no te haya quedado perfecto, es una de las formas más lindas de cuidarte y cuidar a los demás. Unas arepitas con Juana, un café y buena conversación pueden ser el “spa” que necesitabas.
A veces creemos que el bienestar viene de una dieta estricta con comidas súper elaboradas, pero la verdad es que un plato sencillo y bien hecho puede llenarte el alma.
Eso sí, conociendo nuestros límites y entendiendo que hay ciertas cosas que no podemos (o debemos) comer. Pero algo tan simple como una tortilla calientita recién hecha, con un poquito de queso derretido encima, puede ser ese abrazo que necesitabas.
A veces (a menos que tengas un objetivo específico) no se trata de contar calorías, sino de conectar con lo que te hace sentir bien. Ese olorcito a masa fresca, el sonido de la sartén cuando cae la mezcla, el primer mordisco de algo que hiciste vos misma… todo eso alimenta no solo el cuerpo, sino también el ánimo.
En fin… el bienestar no viene en una tabla de números ni en recetas imposibles, viene en el disfrute, en esos momentos caseros que te sacan una sonrisa y te llenan el corazón. Así que, la próxima vez que entrés a la cocina, acordate que el plan no es hacerlo perfecto, sino hacerlo tuyo… y siempre sin dramas.